Vaya por delante que no lo he acabado. No renuncio a leer lo que falta alguna vez pero es que, la verdad, no me interesa nada. Le he dado cien páginas, el doble de lo que suelo, antes de comenzar a leerlo en diagonal pero la diagonal carece de objeto cuando las páginas sobre las que la trazas no tienen un relato coherente y entonces lo he dejado.
Escrito al modo de los Diarios de Iñaki Uriarte, son un cúmulo de pensamientos, frases y sucedidos más o menos encriptados, correctamente escritos, que, sin embargo, carecen de la naturalidad de Uriarte. Y nótese que correctamente no es lo mismo que bellamente, por ejemplo. Hay trabajos por ahí que tratan de las diferencias entre una cosa y otra en literatura.
Peyro, a diferencia de Uriarte, más que contar lo que le pasa por la cabeza, parece que elige las ocurrencias que cree que le van a quedar bien en el libro. Resulta poco espontáneo. Por otra parte, los Diarios eran breves en tanto que Ya sentarás la cabeza tiene más de quinientas páginas. Demasiadas para nada. El mismo Uriarte me parece más auténtico en su bohemia que este Peyró a medio camino entre el pijo-pijo y entre el pijo-cultureta-pijo que me recuerda P. Reverte en muchos asertos sobre la amistad. Lo que me faltaba para que éste me rete a duelo… En fin, tal vez más adelante, acabe de sentar la cabeza.
*Pensamiento
