Se trata de una serie de reflexiones sencillas, a propósito del hecho de cumplir años y de los cumpleaños, más que de una lectura convencional. Reflexiones que van de la mano de una profunda fe en Dios de un monje alemán, Anselm Grüm.
En el evangelio hay una parábola en la que Jesús dice que “no se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín” (que aún tengo pendiente enterarme de lo que es). Comprendo que la alegría suele ir acompañada del deseo de compartirla pero yo prefiero la fe discreta. Es más, me desagrada el proselitismo que muchas veces acompaña a lo del celemín. Porque la fe es, ante todo, algo personal y ni todos la viven de la misma manera ni lo hacen con la misma intensidad. La alegría desbordante que muchas veces muestran los seguidores de un equipo deportivo es a todas luces excesiva, no ya sólo para los de otros equipos sino para los que practican otras formas de deporte. No digamos si te topas con los Ultra Sur…
Una vez estuve en un santuario aragonés de la secta de Escrivá (el “de Balaguer” es un añadido elitista alucinante) en el que me afearon que no conociera algunos ritos… que resultaron ser preconciliares. En realidad he estado en algún otro cenobio aragonés, es curioso, con la misma sensación. Y es que los fanatismos se ensañan con los más afines. No les preocupa ofender a los más ajenos porque consideran que viven en el error pero sobretodo desprecian a los más cercanos por tibios. Sinceramente, mejor que la del celemín prefiero otra cita de Jesús que dice algo como que “por sus hechos los conoceréis.”
* Pensamiento
